Las Leyendas del Lago: Cuatro momentos históricos en Lagos de Covadonga

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ROOTS es una serie sobre la cultura y el ciclismo español entre los años 1985 y 1995, que explora la década más salvaje de este deporte en todo su esplendor, pero también con sus sombras. Aunque el ciclismo es el núcleo de esta serie, no dudaremos en desempolvar otro tipo de historias olvidadas o en reescribir aquellas que necesiten una nueva perspectiva.

 

Asturias, tierra de sidra, quesos y altas cumbres, ha sido un magnífico escenario para algunos de los momentos más recordados de la historia del ciclismo en España. Su quebrada costa y sus ominosas cordilleras interiores han albergado muchas de las más emocionantes etapas de la Vuelta. En medio de este exuberante paisaje se encuentran los Lagos de Covadonga: tres lagos glaciares encajados entre cumbres dentro del inmenso Parque Nacional de Picos de Europa. Miles de ciclistas peregrinan hasta allí para superar los 19 kilómetros de agotadora subida, que han hundido o encumbrado a sus ídolos a través de los años. En el kilómetro 12 de ascensión llega la parte más dura, La Huesera, un tramo de 1600 metros con un 12% de pendiente media que se hace eterno. Su última rampa, al 15%, desemboca en un descanso antes de llegar al “Mirador de la Reina,” donde la carretera vuelve a erguirse hasta llegar a la cima, a 5 kilómetros. Estas pendientes eran lo que había impedido que los organizadores de La Vuelta incluyeran la subida a Lagos en la competición. Hasta 1983. 

1983

Por primera vez en la historia de la Vuelta los ciclistas subirán a Lagos de Covadonga. Hasta ese momento había sido impensable que se incluyera una subida con unas pendientes tan extremas. Incluso con los componentes más modernos, los profesionales tan solo disponían de un 42:23 como desarrollo máximo. En aquellos años los ciclistas no subían cuestas tan duras.

La estrella internacional y principal favorito, para la general y la propia etapa de Lagos, era Bernard Hinault. En la radio y los periódicos los periodistas habían acuñado el término “Lagos de Hinault” por el parecido del apellido del francés con el nombre de uno de los lagos, Enol. La expectación crecía alrededor de la etapa, como nunca antes, y los aficionados no hablaban de otra cosa. Además, era la primera vez que se retransmitía la carrera por televisión. Los españoles verían a los ciclistas retorcerse en La Huesera.

Unas polémicas declaraciones de Marino Lejarreta aumentaron las perspectivas de un gran espectáculo. Lejarreta corroboró sus palabras desde la salida. Saltó del grupo de favoritos para alcanzar a otro corredor español, Carlos Machín, a quien terminó dejando antes de ganar la etapa. Lejarreta dominó la carrera con autoridad, demostrando que al final no habían sido “Los Lagos de Hinault”. El campeón francés admitió su derrota diciendo que el puerto le había parecido tan duro como Alpe D’Huez, y días después contraatacó para ganar la clasificación general en la mítica etapa de Serranillos que acabó en Avila. El esfuerzo que se vió obligado a hacer, desde “La Huesera” hasta el final de la Vuelta, hizo que se lesionara la rodilla, lo que, finalmente, precipitó su retirada.

1985

Dos años después, en este mismo escenario, se vuelve a escribir la historia de la vuelta. La rivalidad entre Pedro Delgado, Lucho Herrera y Robert Millar está en su punto más álgido. La tensión aumenta desde que empiezan las rampas de “La Huesera.” Los corredores recorren los metros finales de este terrible tramo acompañados por espectadores a caballo. Herrera, Millar, Pello Ruiz Cabestany y el colombiano Francisco Rodriguez intentan alcanzar a Perico, que ha tomado algunos metros de ventaja;  sin embargo, el segoviano consigue aguantar durante un último kilómetro eterno, vistiendose de amarillo. Millar, el escocés vegetariano conocido por su, en aquellos tiempos, provocativo pendiente, cruza la meta a tan solo 36 segundos. Años después, en el 92, el ídolo local volverá a batirle en esta misma ascensión.

1986

En la siguiente edición de la Vuelta, los aficionados pudieron disfrutar de nuevo viendo a Robert Millar y a Pedro Delgado darlo todo en Los Lagos de Covadonga. Millar parecía cauteloso, mientras que Perico pedaleaba queriendo demostrar su fortaleza. El ritmo de ascensión de Millar era constante, medido. Intentaba esquivar las zonas donde el asfalto estaba más roto. Perico pedaleaba violentamente, aupándose a través de los repechos más complicados, derrochando todas las fuerzas que le quedaban en las piernas.Parecía que iba a ganar, cuando un Millar tranquilo, se fue acercando lentamente, lo superó, y cruzó en primer lugar la meta.

1987

Los españoles seguían encantados con el carisma y el talento de Pedro Delgado. Mientras, Colombia daba los primeros signos de que podría convertirse en una nueva potencia en el ciclismo. Solo tres años antes, Lucho Herrera ganaba en Alpe d’Huez, lo que le confirmó no solo como el primer colombiano en llevarse una etapa en el tour, sino también como el primer ciclista amateur que lograba tal hazaña.

La decimoprimera etapa de la Vuelta de aquel año comenzaba en Santander y terminaba en Lagos de Covadonga. Herrera, con los maguitos recogidos en los codos, pedalea solo, con fuerza, balanceando la bicicleta y transmitiendo una confianza total cuando se levanta del sillín.

Al cruzar la meta celebra tímidamente el triunfo, lanzando su brazo al aire, frenando rápidamente para no chocar contra el grupo de periodistas que lo asedian. Se viste de líder, sabiendo que es el primer colombiano que lo consigue tras ganar una etapa de montaña. Lucho se convertirá, en 1991, en el primer ciclista en ganar dos veces en Lagos de Covadonga.

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