Exciclista: Fede Etxabe, de pro a hortelano

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ROOTS es una serie sobre la cultura y el ciclismo español entre los años 1985 y 1995, que explora la década más salvaje de este deporte en todo su esplendor, pero también con sus sombras. Aunque el ciclismo es el núcleo de esta serie, no dudaremos en desempolvar otro tipo de historias olvidadas o en reescribir aquellas que necesiten una nueva perspectiva.

 

Tan solo un día después de celebrar su vigesimoséptimo cumpleaños, Fede Etxabe ganó la etapa de Alpe-d’huez del tour de 1987. Nacido en Cortézubi, País Vasco, era la viva representación de los valores de esta rica región, origen de hombres resistentes, y de aún más resistentes ciclistas. Después de haber ganado la Vuelta a Burgos del 84 y de haber acabado décimo tanto en los mundiales del 84 como del 86, la emergente estrella vasca no podía pasar del todo desapercibida en esa edición de la ronda francesa. Al no ser un escalador puro, para ganar una etapa como la de aquel día tenía que pergeñar una buena estrategia. Mientras intentaban sobrellevar el sofocante calor, un gran grupo de favoritos, que incluía al propio Etxabe, su jefe de filas Anselmo Fuerte, y un joven Perico Delgado, entre otros, consiguió saltar del pelotón y formar un grupo más pequeño. Etxabe y Fuerte vieron su oportunidad. Con otros corredores con mejor perfil escalador en el grupo, su única posibilidad era escaparse pronto y llegar con ventaja a la base del mítico puerto.

La subida a Alpe-d’Huez consiste en 21 curvas de herradura, que se extienden durante 14 kms con una pendiente media del 8%, coronando 1.135 metros por encima de donde comienzan las primeras rampas. Bernard Hinault y Greg Lemond, ambos compañeros en La Vie Claire, habían cruzado la línea de llegada al mismo tiempo el año anterior. En el equipo BH albergaban esperanzas de que el desenlace fuera parecido ese día, con Anselmo y Fede permaneciendo juntos hasta la cima y ganando la etapa a duo.

Por detrás, Pedro Delgado, Lucho Herrera, Stephen Roche, y Marino Lejarreta flirteaban en la delgada línea que existe entre intentar reventar a tus rivales y ahogarte con tu propio ritmo. Los ataques eran continuos mientras los favoritos ascendían arrastrados por los corredores del Café de Colombia, que parecían más fuertes tras cada herradura superada. En el tramo final, ni siquiera Anselmo Fuerte fue capaz de seguir a su compañero, que cruzó la línea de meta con 90 segundos de ventaja sobre él.  Fede Etxabe se proclamó como el primer español ganador en Alpe-d’Huez. Tampoco pasaron inadvertidos los esfuerzos de Pedro Delgado, quien ese mismo día consiguió ser el primer español en vestirse con el maillot amarillo desde 1973, cuando Luis Ocaña subió al puesto más alto del pódium en París.

La lucha por los puestos de pódium pudo verse con todo detalle en la señal que emitía la televisión francesa, y que era comentada por ex-corredores y expertos en cada país en los que se retransmitía. Sin embargo, nadie pudo ver a Fede Etxabe entrando victorioso en meta. Sin helicópteros ni otros avances técnicos para documentar las etapas, los camarógrafos franceses hacían lo que podían para capturar las mejores imágenes de sus estrellas nacionales mientras mantenían el equilibrio en el asiento de atrás de ruidosas Vespas. La pantalla solo mostraba a Laurent Fignon ascendiendo la mítica cima, lo que hizo que los comentaristas españoles se ofendieran, espetando frases como “No están enseñando a los españoles a propósito” o “Estos franceses, siempre con su actitud chauvinista”. Fede Etxabe y Anselmo Fuerte coronaron tres minutos antes que Fignon sin que nadie pudiera verlo en directo y privando a los aficionados patrios de un momento histórico para su ciclismo.

Diez años más tarde, Fede Etxabe decidió dejar atrás el intenso mundo del ciclismo profesional. Volvió a sus raíces vascas, a vivir una vida en la que el ciclismo no tiene cabida. Aterrorizado por los conductores actuales y su falta de consciencia prefiere llenar su tiempo pescando, cultivando lechugas, dando largos paseos con sus perros. Ahora, con 25 kilos más, una vuelta en bici alrededor de su pueblo podría resultar más dura que su victoria en el la etapa de Alpe-d’Huez en el Tour del 87.

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